La cañaílla: historia y riqueza de La Isla

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Una de las características más conocidas y curiosas de los habitantes de San Fernando es el uso indistinto de dos gentilicios. Por un lado tenemos el de isleño/a, surgido a raíz del topónimo Isla de León y, por otro, el de cañaílla, tomado del nombre popular de uno de los moluscos más conocidos de la Bahía de Cádiz.

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El descubrimiento de la púrpura – (Theodoor Van Thulden – s.XVII) – Museo del Prado.

La importancia de la cañaílla viene de bien antiguo, cuando la recolección de las excreciones y glándulas de varias especies de caracoles marinos daba lugar a una industria que producía un tinte de color púrpura, bien preciado y de gran importancia para las culturas mediterráneas desde tiempos prerromanos. Gracias a descubrimientos arqueológicos sabemos que ya los minoicos podrían haber sido pioneros en la extracción de la púrpura a lo largo de la costa de la isla de Creta entre los siglos XX y XVIII a.C. También tenemos la vertiente mitológica del origen de la púrpura en la historia que cuenta como Heraclés (o Hércules para los romanos, Melkart para los fenicios) fue el que dio con tan valioso producto tras ver cómo a su perro se le teñía la boca tras comer caracoles marinos en la costa de Levante. Como anécdota, decir que este mito está representado en el cuadro “El descubrimiento de la púrpura”, del autor holandés Van Thulden, ubicado en el Museo del Prado.

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Justiniano I con una toga de púrpura (Mosaico, Iglesia de San Vital de Rávena)

Fue la púrpura fenicia (púrpura de Tiro o tiria) una de las más preciadas por los comerciantes a lo largo y ancho de la región desde la zona que hoy ocupa Líbano. Los asentamientos de Tiro y Sidón movían toneladas de moluscos para extraer el valioso tinte que adornaría los ropajes de las familias más adineradas.

La fabricación del tinte se llevaba a cabo con un proceso del que, actualmente, se tiene poca constancia. Para comenzar, cientos de kilos de moluscos de la familia Muricidae se almacenaban en tinajas para su descomposición. Durante tal proceso, el fluido blanquecino que segregaban se tornaba púrpura por la acción de la luz y el aire. Se especula con que, posteriormente, un trabajo de prensado facilitaba la recolección del tinte, en el que se sumergiría el tejido que correspondiera. Cada uno de los moluscos daba para una cantidad mínima de tinte, llegándose a necesitar alrededor de diez mil moluscos por cada diez gramos de producto, de ahí el alto precio de las prendas teñidas. Dos eran las especies de moluscos más usadas en la obtención de la púrpura: la Murex Brandaris y la Bolinus Brandaris. Dichos moluscos tienen su hábitat natural en las costas de la Bahía de Cádiz, lo que da lugar a pensar que los fenicios que se asentaron en nuestra tierra las pudieran recolectar para enviarlas a Tiro y llevar a cabo la producción del tinte.

Desde sumos sacerdotes hasta generales y senadores romanos, pasando por cardenales y obispos católicos, la púrpura era y es símbolo de posición y estatus social. Para nosotros, los isleños, forma parte de nuestra identidad e historia. Más ricos no podemos ser.

Fotografía del encabezamiento: Rocío Nogales.

 

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